Me senté un día a la orilla del mar esperando al destino
miré más allá del cielo
hasta donde el velo de mis ojos pudiera alcanzar
me senté en silencio
las gaviotas alzaban su vuelo sobre las nubes
cerré mis ojos despacio
una lágrima fría en la arena bajo mis pies
era una lágrima del cielo
venía con un recuerdo de días felices
el destino se acercaba
me encontró deshecha esperando
la marea empezó a subir
llegó a mí sin remordimiento
tocó mis manos frías
tocó mis manos
y se fue
se fue
Entre las cortinas de viento y la agitación violenta de las olas escuché otra voz
una voz quieta diciéndome al oído que mi destino había de ser otro
miré lo profundo del mar antes de partir lejos, dejaba atrás
todo y nada, dejaba esa pequeña esperanza de ser otra
de alcanzar la grandeza que había visto ya en otros
mis respuestas llegaron, lloré lento en silencio
las gaviotas volaban junto al firmamento
y alejé la mirada buscando otro cielo
viajé buscando mi destino
no había entendido que
mi destino era
mi libertad.