viernes, 11 de noviembre de 2022

Un día desperté con la sensación de haberlo perdido todo. Sentí la soledad de nuevo como un ligero ardor que me recorría el cuerpo de cuando en cuando, unos días dolía más que otros, dándome el presentimiento de que algo pasaría pronto.

Tantas veces había querido escapar de ella, pero siempre lograba encontrarme, como si algunas veces tuviera compasión de mí y me concediera cierto tiempo para extrañarla. El problema es que nunca lo hice y siempre encontró la manera de regresar a mí. Lo sabía cuando despertaba con ese vacío en mis entrañas. 

Ya he perdido tantas cosas, y tantas otras he encontrado. Pero a veces desearía perder mis recuerdos, esconderlos en algún lugar del espacio físico, un lugar lejano cuya locación también se quedara con ellos, mientras el olvido regresara conmigo. Tal vez así tendría un poco de paz en medio de mi soledad. Tal vez así el dolor que siento y que he sentido, ese vacío que me consume por dentro, desaparecería, pero no sé si la felicidad partiría con él... Si uno depende del otro para existir, entonces mi existencia está condenada, y el solitario mundo en el que vivo habrá de ser mi refugio, hasta que un día despierte con la certeza de tenerlo todo otra vez. 

martes, 8 de noviembre de 2022

Los sueños 
así como el papel viejo al tacto 
se hacen polvo
se van.

Los sueños 
son mis deseos escondidos 

                   Las ganas imperantes
                            de que no te vayas nunca.
                                               Que te quedes. 
                                              
                                                                     Que no olvides.
                            

martes, 1 de noviembre de 2022

Desesperanza

Hay días en lo que el cielo parece sucumbir ante los agravios de la mente. Todo comienza con un pequeño pensamiento, uno que es triste o que duele demasiado en el interior. Son esos días los que tientan al espíritu a quedarse en silencio, a esconderse en su lugar seguro y permanecer donde nadie sospeche y nadie pueda lastimar. 
Y así, en soledad, todo se torna lentamente en anhelos y nostalgia por lo que es y no se puede cambiar. Pronto el cielo se pincela de tonos grises, y el viento sabe a decepción. Todo por dentro se va apagando de forma gradual, hasta que lo único que los ojos contemplan desesperados es la partida de su sentido y la llegada de su locura, cuando el corazón comienza a sentir el peso de las palabras y las miradas inquisidoras de todos a su alrededor, cuando el peso se vuelve demasiado para soportar.