sábado, 8 de enero de 2022

Anhelos

 Te vi a lo lejos, mirando al cielo con ojos hambrientos. Tu mirada absorta en las nubes, y en la sombra de una luna apenas perceptible. Te vi como nunca miré a nadie y escuché de tu boca, viajando entre el viento, palabras hermosas, palabras que hechizaban mi alma con cada aliento. Susurrabas para ti, hablabas de cosas que solo tú podías comprender, de lo que admirabas del cielo y del propio universo. 

Te vi tan en calma, padeciendo los ardores de una pasión temprana. Como si contemplaras el reflejo del atardecer desde las paredes antiguas de una iglesia. Porque es como si tus ojos observaran el pasado, y se quedaran ahí embelesados, soñando con anhelos ingenuos, con memorias plantadas por el mismo tiempo. 

Se clavaron en ti mis ojos desde el principio, y tuve la esperanza de que al menos por un segundo yo fuera a quien vieras con tanto asombro, yo fuera aquella sombra hundida en tu mente que tan obsesionado te tiene. 

Quisiera por un momento ser esa presencia que te recuerda las sensaciones cálidas que tan celosamente guardas en tu mente. Como ese olor a lluvia fresca, o tus pies desnudos tocando pasto recién cortado, o la calidez que sientes en el pecho al ver el sol ocultarse tras el horizonte.

Ojalá yo fuera eso que tanto admiras, las hojas en las que escribes tus más bellas poesías. 



sábado, 1 de enero de 2022

01/01/2022

Mucho aconteció en los días que fueron y mucho acontecerá en los días venideros. El tiempo se fue de prisa, tan de prisa que los recuerdos quedaron cortos y las sonrisas lejanas.
Las lágrimas abundaron bajo los techos de las casas, y la tristeza se esparció por cada rincón de la tierra. 

Mucho fue lo que ocurrió mientras todos dormían, y en sueños anhelaban esa libertad que nos fue arrebatada un día. 
Pero el cielo y la luna, el sol y las estrellas manifestaron sus luces en señal de buenaventura, como un indicio de días mejores. 
 Y las flores siempre despertaron al amanecer. En el otoño, cuando los días comenzaban a ser más fríos, los tonos cálidos de las flores del campo y las flores de muerto fueron un deleite para quienes prestaron atención a su alrededor, y olieron el perfume que destilaba por las calles y los cementerios antiguos.

Así se fueron los días, uno tras otro. Cada uno con recuerdos que se van desvaneciendo. Cada uno siendo tan preciado como el anterior. 
Y así como el sol saldrá por la mañana, los días venideros serán mejores, y nuestro destino se verá tocado por la mano divina, y aún en los momentos más oscuros habrá algún destello de luz y de esperanza al fenecer el día.