Las lágrimas abundaron bajo los techos de las casas, y la tristeza se esparció por cada rincón de la tierra.
Mucho fue lo que ocurrió mientras todos dormían, y en sueños anhelaban esa libertad que nos fue arrebatada un día.
Pero el cielo y la luna, el sol y las estrellas manifestaron sus luces en señal de buenaventura, como un indicio de días mejores.
Y las flores siempre despertaron al amanecer. En el otoño, cuando los días comenzaban a ser más fríos, los tonos cálidos de las flores del campo y las flores de muerto fueron un deleite para quienes prestaron atención a su alrededor, y olieron el perfume que destilaba por las calles y los cementerios antiguos.
Así se fueron los días, uno tras otro. Cada uno con recuerdos que se van desvaneciendo. Cada uno siendo tan preciado como el anterior.
Y así como el sol saldrá por la mañana, los días venideros serán mejores, y nuestro destino se verá tocado por la mano divina, y aún en los momentos más oscuros habrá algún destello de luz y de esperanza al fenecer el día.