viernes, 11 de noviembre de 2022

Un día desperté con la sensación de haberlo perdido todo. Sentí la soledad de nuevo como un ligero ardor que me recorría el cuerpo de cuando en cuando, unos días dolía más que otros, dándome el presentimiento de que algo pasaría pronto.

Tantas veces había querido escapar de ella, pero siempre lograba encontrarme, como si algunas veces tuviera compasión de mí y me concediera cierto tiempo para extrañarla. El problema es que nunca lo hice y siempre encontró la manera de regresar a mí. Lo sabía cuando despertaba con ese vacío en mis entrañas. 

Ya he perdido tantas cosas, y tantas otras he encontrado. Pero a veces desearía perder mis recuerdos, esconderlos en algún lugar del espacio físico, un lugar lejano cuya locación también se quedara con ellos, mientras el olvido regresara conmigo. Tal vez así tendría un poco de paz en medio de mi soledad. Tal vez así el dolor que siento y que he sentido, ese vacío que me consume por dentro, desaparecería, pero no sé si la felicidad partiría con él... Si uno depende del otro para existir, entonces mi existencia está condenada, y el solitario mundo en el que vivo habrá de ser mi refugio, hasta que un día despierte con la certeza de tenerlo todo otra vez.