En donde las palabras se esfuman y la oscuridad escucha. Donde los suspiros se conservan en botellas de hielo y las canciones alcanzan las alturas de los cielos.
Buscando consuelo las luciérnagas se ciñen en un profundo sueño, y esperan la llegada de la estrella más cercana. Brillando y bailando por entre abedules y cedros frescos de antaño; que no duermen nunca, que no mueren nunca, porque escuchan siempre al viento que sopla, que traer buenas nuevas de aquellos lindes eternos, en donde la hierba es espesa y los mares violentos.
Se escucha a lo lejos un largo suspiro, un profundo aliento de un alma proveniente de los sueños imperecederos, y en la lejanía de los bosques y las montañas, aquellos suspiros viajan dejando el dolor atrás, para que en el final no mires más hacia allá.